Avatares

¿Hay una inter relación cada vez mayor entre el mundo on line y el off line? (nos referimos a Facebook, a twitter, a Linkedin: todo el abanico Social Media)

Hubo un tiempo en que la novedad y el cambio de la lógica relacional que auguraba internet, y en particular las redes sociales, justificaban la desconfianza y la presunción; pero hoy, frente a un mundo signado por el incremento exponencial de la capacidad expresiva, persistir en el prejuicio, no sólo se vuelve una porfía y una negación superflua, también se vuelve anacrónico. Lo que a falta de una denominación y una conceptualización acorde se llamaba ciberespacio, ya no es una alternativa a lo real, es lo real mismo. Hoy, nuestras vidas transcurren en un ambiente de porosidades entre lo online y lo offline donde la tecnología no es un objeto de elección, porque todo está tecnológicamente mediado. Añorar un mundo sin internet y sin celulares no está mal; pero, cada vez más, es como querer vivir sin automóviles y sin aviones. Puede ser una opción individual, pero ya no lo es socialmente. Para vivir unplugged hay que irse a vivir a El Bolsón, y ni siquiera así creo que se pueda permanecer al margen del nuevo patrón cultural. Sencillamente porque devino en un recurso global para conectarse, comunicarse, producir y movilizarse.

Contra el lugar común de que estar conectado es “estar aislado”: ¿creés que algo de esta dinámica se está redefiniendo?

Suena raro decir que estar conectado es estar aislado, ¿no? Hace ya 3 años que la población conectada a internet superó los dos mil millones y que las cuentas de telefonía móvil rebasaron los 3 mil millones. Esas posibilidades de conexión convierten a este momento, en términos relativos, en el menos aislado de la historia. Y no hablamos de las grandes urbes ni de sociedades con gran conectividad; hablamos de poblaciones rurales, de comunidades de pescadores y de habitantes de zonas desérticas. La telefonía móvil no sólo les permitió vencer el aislamiento, se convirtió en un capital social, en una fortaleza colectiva. Se puede ver en la utilización que hacen del SMS como procedimiento consultivo, o en las transacciones económicas por celular que están transformando el África profunda. Pero también en la oportunidad que tiene un político de recaudar fondos a través de las redes sociales, sin tener que transar o negociar en desventaja con las grandes corporaciones.

Yo podría citarte ejemplos: parejas que se conocen en FB o TW, que se divorcian por la misma vía, trabajos conseguidos a través de plataformas virtuales, reencuentros, etc. ¿Cómo definís esto? ¿Se te ocurre otra forma de interacción?

El televisor y la radio hablaban con nosotros, pero nosotros no podíamos hablar con ellos. Internet y los teléfonos inteligentes, en cambio, son plataformas de interacción con una gran proyección social. Uno puede usar esas plataformas para seguir los tuit de Amalia Granata, para dar rienda suelta a sus ratones con el Chatroulette, para coleccionar imágenes de lolcat, para intercambiar archivos de música o, como sucede muchas veces, para crear entornos relacionales con una potencia mucho mayor que la que pueden lograr los ciudadanos en forma individual. La participación y el intercambio son inherentes a estos dispositivos tecnológicos. Por eso, cuando comprás un teléfono inteligente también estás comprando un medio interactivo con el que no sólo podés producir contenidos, también podés hacer que sean noticiables hechos que hasta hace poco dependían de la visibilidad y del criterio unidireccional que le dieran los medios tradicionales. Como dice la antropóloga Mizuki Ito, lo que distingue a este momento histórico es el modo en que la expresión está ligada a la acción social.

¿Creés que tendemos hacia una indiferenciación cada vez mayor en el sentido de “lo social”?

Si bien es apresurado aventurar cuál será la suerte social de la transición epocal que atravesamos y protagonizamos, no es ilógico pensar que la propagación global de esta capacidad de expresión e interacción modificará las relaciones de fuerza. De hecho está conmocionando campos sociales tan diversos y fundamentales como la educación, la política, la economía, la psicología, la comunicación, y los procesos de producción. Más aún si tenemos en cuenta que el poder de afectación de este proceso se potencia por la crisis de la episteme que conformó a occidente y que básicamente se sostenía en la tensión amigo-enemigo que constituía a lo político, en la objetividad que constituían a lo científico y en la centralidad rectora que constituía a los dispositivos de poder. Estos fundamentos justificaron la existencia de muchas instituciones históricas que hoy comienzan a ser interpeladas por un devenir que les demanda, por lo menos, aggiornamiento. Asistimos, pues, a una reformulación y a una tensión de “lo social” con consecuencias todavía impredecibles, del tipo que caracterizaron a las grandes mutaciones de la historia.

¿Qué opinás de los avatares que copan cada vez más espacios de la vida cotidiana? ¿Qué opinión te merece este fenómeno de las personalidades virtuales con las que convivimos prácticamente todos?

Si bien el avatar literalmente –u originalmente– sería una representación gráfica que uno hace de sí mismo para que se lo identifique en el mundo virtual, creo que –fundamentalmente a partir de Second Life y los juegos de roles– se ha terminado identificando al avatar con los personajes virtuales, y esa parece ser la acepción más extendida. Es por eso que prefiero hablar de perfil y no de avatar, aunque estrictamente hablando entiendo que sería correcto. Hecha esta aclaración, se podría decir –como dice la publicidad– que vivimos en el tiempo de las identidades móviles, en consecuencia los perfiles virtuales forman parte de un nuevo proceso de subjetivación. Por eso, cuando un adolescente cambia la foto de su perfil en Facebook o en cualquier red social, realiza algo más que el cambio de una foto por otra. Está actualizando la imagen que tiene de sí mismo públicamente. No es una expresión de deseo sobre sí mismo, es un acto soberano que realiza en un código que comparte con la comunidad que interactúa, y no sólo de un modo virtual. Traducido vivencialmente, podríamos decir que mientras que en el mundo “real” de los padres, la fidelidad a una imagen sigue siendo un valor rentable y efectivo; en el mundo “virtual” del adolescente, cambiar su imagen pública en forma permanente le permite travestirse según su estado de ánimo y manifestar el modo en que se ve a sí mismo en cada momento. Mientras que los padres invierten buena parte de las energías personales en hacerse “un nombre” y en elaborar complejas estrategias para conseguir y sostener “un prestigio”; el adolescente interactúa con ³su² mundo de un modo lúdico y nada conflictivo, sin temor a los errores, a las contradicciones ni a la exposición de esas contradicciones. Son dos mundos vivenciales diferentes, pero contemporáneos. En un mundo se cultivan identidades fijas que terminan teniendo el peso de estigmas; en el otro se promueve la libertad de elegir y cambiar de identidad sexual, profesional y nacional, tantas veces como cada uno lo sienta necesario. Es decir, son experiencias que remiten a dos sistemas de valores igualmente vigentes y efectivos, pero que aplican en dos modelos sociales completamente diferentes. En uno el pensamiento es binario y concéntrico; en el otro es diverso, descentrado y viral. En uno prima el deber ser de la ética protestante; en el otro el saber-vivir que promueve la ética hacker. Uno es voraz e imperialista; el otro se nutre de mundos convergentes, complementarios y no excluyentes. Uno es paranoico; el otro esperanzado y colaborativo. Uno habla de decadencia; el otro de reencantamiento del mundo. Uno se rige por el imperativo categórico; el otro practica un alegre inmoralismo. Esto no quiere decir que el mundo emergente se haya impuesto sobre el mundo instituido, ni que uno sea enteramente de un modo y el otro su opuesto diametral. Para ser claros: no hay un mundo bueno y un mundo malo. Son dos mundos en los que proyectamos miedos, pasiones, ambiciones, intereses y sueños del imaginario colectivo. Son mundos contemporáneos que se contaminan entre sí. Lo mismo pasa con cada uno de nosotros. Ni los más jóvenes ni los más viejos, pertenecemos enteramente a uno de estos dos mundos. Todos, sin importar la edad, somos un poco anfibios y hemos tenido que desarrollar branquias para entrar y salir permanentemente de estos dos mundos en los que se entrelazan nuestras vidas actualmente.

Entrevista realizada por Violeta Gorodischer para el Suplemento Sábado, del diario La Nación. Link a la nota donde sólo se transcribió un fragmento irrelevante de la entrevista: http://www.lanacion.com.ar/1569961-yo-avatar

 

 

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