Paco Urondo, la palabra justa

 

  

 

Por Raúl Favella y Silvia Rodulfo

 

El documentalista Daniel Desaloms rescata del olvido deliberado la figura del poeta y militante revolucionario Francisco Paco Urondo. Se trata de un filme de límites amplios, sin conclusiones apresuradas, que deja la posible síntesis de una personalidad exorbitante y multifacética como la Urondo únicamente en manos del espectador. Un paso adelante en la profunda reflexión sobre un hombre y su tiempo que los argentinos todavía nos debemos a nosotros mismos.

 

 

“A menudo hablamos, decimos muchas cosas, pero no hacemos nada y envejecemos en años o en espíritu que es peor. Hay ejemplos a granel, no es necesario recurrir a ellos (... ) Por lo tanto, amigo mío, quiero decirte que yo quiero: pensar, decir y sobre todo hacer. Hacer qué me dirás. Es difícil y es fácil de explicarlo. Se sintetiza en una palabra: vivir (. . .) En una sociedad alimentada a sándwiches económicos habrá que vivir en función a esa madeja económica, pero –y comienzan los peros– esa madera es demasiado densa. Unos la aguantan y su razón de ser es precisamente tejer y destejer el ovillo pero éstos son generalmente simples, muy superficiales. Los que tienen algo dentro, medios enredados viven, se debaten, lloran, gimen, se emborrachan o juegan; viven en una angustia ocasionada por cosas que no quieren hacer y hacen y viceversa y de ellos nace un sentido escéptico de la vida. (. . .)¿qué camino nos queda? No será el de los superficiales, no. Me queda uno, el del hombre frustrado, del infeliz, del escéptico. Pero por qué éste es escéptico. Creo padre mío que este hombre se ha equivocado, le dijeron la vida es ésta y aceptó. Yo digo que no, la vida no es una balanza de pesos y acciones. La vida encierra en sí valores que la hacen maravillosa y podrían ser: divinos, poéticos, naturales, humanos y dentro de éste el amor, el odio, la lucha, etc., etc. Lo otro es real, sí, pero es accesorio (lo económico); no pretendo prescindir de lo accesorio pues en este caso es imposible, sólo quiero vivir fundamentalmente sobre esos valores verdaderos o por lo menos esenciales”.

 

Francisco Paco Urondo, carta a su padre (c.1952)

 

Paco Urondo mantenía con sus padres, sus hijos, sus amigos, sus amores, la

comunicación a que da lugar un circuito que por antiguo ya casi nadie transita: el de las cartas personales. En ellas sus expresiones trasuntan un íntimo sentimiento amoroso, y también, como nos lo contará más adelante Daniel Desaloms en el apasionado testimonio que nos brindó acerca de su filme Paco Urondo, la palabra justa, un presagio de su destino. Amorosamente, si, Paco le brinda a su padre un trato inusual para la época: el de “amigo mío”. Le habla de igual a igual, algo que sin por lo menos una cuota de complicidad paterna habría sido imposible. Y también es una carta de ruptura, que más tarde, más por obra de las circunstancias políticas que de los sentimientos, terminará ubicándolos respectivamente en el antípoda al uno del otro.

    Paco le habla a su padre de ciertos valores, a los que pocos años más tarde vendrá a sumarse otro, inesperado: el de la justicia social y la reivindicación política de los pueblos. No poco había sucedido en su vida, que hasta entonces venía transcurriendo como una constante celebración del amor y del arte, para semejante cambio. En el mundo de entonces la Revolución Cubana resonaba como un eco al que era imposible ignorar. Él había tenido oportunidad de conocerla con motivo de su vocación literaria, por la cual el país del Caribe lo había recibido calurosamente, como a otros argentinos y latinoamericanos. Más cerca, en la intimidad, el derrotero militante de su hija Claudia también dejó huella, actuando sobre él como una fuerza centrífuga inapelable. Empuñé un arma porque busco la palabra justa, dijo, y puso en palabras una cópula que la distancia temporal  hoy hace que nos parezca imposible, pero que en el fragor de los años setenta inflamó las conciencias de una generación. No puede extrañarnos que haya sido así. La burguesía liberal a la que Paco pertenecía por origen familiar y formación cultural había barrido debajo de la alfombra los bombardeos de 1955 a la población civil en la Plaza de Mayo, efecto (no) deseado de la intentona militar de matar a Perón. Igual que con los veintiséis fusilamientos de junio de 1956, ordenados sobre los responsables de un movimiento revolucionario que, como alguna vez dijo un historiador ya fallecido, no alcanzó a realizar veintiséis disparos.

    Paco hijo. Paco hermano. Paco cuentista. Paco poeta. Paco guionista cinematográfico de Rodolfo Kuhn (Pajarito Gómez, 1964). Paco autor teatral y de televisión. Paco marido; él y Chela padres de Claudia y Javier. Paco pareja de una mujer sutil y actriz de talento: Zulema Katz; juntos formaron una gran familia con los hijos de ambos en una casa de puertas abiertas en la calle Venezuela y Piedras, donde hoy languidece un estacionamiento. Paco preso. Paco liberado en la noche del 25 de mayo de 1973 por decreto del presidente Cámpora, luego de tomar el vibrante testimonio de los sobrevivientes de la masacre de Trelew, sus compañeros en la cárcel, con el que se conformarán las 142 páginas de La patria fusilada. Paco pareja de Lili Mazzaferro. Paco matador. Paco perseguido. Y, otra vez, Paco padre, de Ángela, con Alicia Raboy, la compañera del final.

  Desaloms admira, hasta podríamos decir que ama, al personaje central que construyó para su filme. Pero debemos decir que lo hizo sin dejar de lado la carnadura real del Paco humano, persona.  Es una cuestión de método cinematográfico pero también histórico, donde caben la imaginación, el delirio y la desesperación y también las ideas contrapuestas a la espera de que sea el espectador quien libremente componga para sí los mil y un aspectos de una vida. Y los de la historia de un país y un momento determinados. Lo que sigue son nuestros interrogantes y sus palabras:

-¿ Cómo surgió la idea de filmar Paco Urondo la palabra justa?

Daniel Desaloms: En el peor momento de la Argentina y de mi historia personal, en 2001, cuando el país se derrumbaba y se caía a pedazos, pensé: ¿qué hubiese pasado si algunos de aquellos luchadores, aquellos tipos que uno valorizaba de una manera muy particular, estuvieran vivos? ¿ porqué Paco no está presente? Entonces empecé un recorrido que también incorpora mi propio pasado, como un detective que empieza a buscar las huellas del crimen, las huellas del olvido. No había nada en las librerías, no había un solo libro de Francisco Paco Urondo, sólo había algunos poemas de batalla y la obra que hizo (Juan) Gelman. Paco no existía. Roberto Baschetti, el historiador, me dio el teléfono de Javier, el hijo de Paco, que  es un personaje muy lúcido por cierto; a través de él obtuve la aceptación de la familia y a partir de ahí empecé a escribir; en lugar de  tomar anti depresivos me dediqué a filmar una película, y  eso me salvó. A  medida que iba tomando contacto con la gente que lo conocía me llamó la atención que todos me hablaban bien de él, con un afecto que me asombraba a mí y a mi equipo de rodaje, que son todos gente joven, de otra generación, y quedaron conmovidos hasta las lágrimas, en crisis, durante la filmación de los testimonios, como cuando escucharon a Beatriz, la hermana de Paco.

    Hay una anécdota  con Horacio Verbitsky, que es un tipo muy especial, muy claro, muy frío en todo lo que yo lo he visto siempre, y con Paco en un momento tuvo un ataque de llanto... Esto es lo que genera Paco, hasta en alguien que yo no hubiese imaginado nunca en una crisis de angustia así. Fue un silencio de unos veinte segundos en el que nos quedamos todos congelados. ¡Pucha, pensé, a este tipo la gente realmente lo quería!.

    Cuando lo mataron a Paco en Guaymallén, después de un proceso kafkiano, grotesco para entregarles el cadáver, el ejército les dice a los familiares que lo tienen que enterrar inmediatamente, pero como NN. O sea, se apropian de su nombre, le quitan la identidad, no puede ser registrado en el cementerio como Francisco Urondo y la familia tiene que aceptar enterrarlo en su propia bóveda como NN. Esa es una metáfora clarísima de lo que ocurrió en la Argentina. Imaginen, era fines de junio del ´76, plena época de la  represión, mataban por día quince, dieciocho, veinte personas. Y en ese momento del atardecer, cuando la familia, aterrorizada, estaba haciendo una ceremonia privada, apareció un micro en el cementerio de Merlo  del que bajó un grupo de compañeros de Paco jugándose la vida para hacerle un homenaje. Ponen al costado de la entrada de la bóveda una placa que dice Compañero Paco Urondo y se van. Al otro día el ejército arrancó la placa. Yo filmé el blanco de la placa que fue arrancada y así está en la película. El nombre recién se lo restituyeron administrativamente en 1987, cuatro años después de la democracia. Pero la identidad de Paco públicamente sigue siendo una identidad apropiada.

 -Recuerdo haber leído en aquellos años, en la revista Clarín, un reportaje de Néstor Montenegro a Hugo del Carril donde dice que gran parte de la tragedia argentina se debe al desencuentro entre padres e hijos, un tema que él había desarrollado en su película Una cita con la vida, que justamente está basada en la novela Calles de Tango, de don Bernardo Verbitsky, el papá de Horacio. En ese momento dije ¡Huuum!, el hombre está viejito. Con el tiempo debo haberme puesto un poco viejito yo, o efectivamente tengo que empezar a darle la razón a Don Hugo respecto de los conflictos de la realidad argentina, porque viendo tu película me encuentro con una película de padres e hijos.....

-DD: totalmente....

-Entre la generación de Paco y la de su padre hay una división tan grande de los argentinos que llevó a la muerte. Parte de la generación del Ingeniero Urondo fue permisiva con los crímenes de la Revolución Libertadora por sus problemas anteriores con el peronismo. De hecho él perdió su puesto como profesor universitario al que pudo volver recién después de caído Perón, recuperando una posición de prestigio intelectual que le parecía legítima. Y lo era. Veinte años después ese proceso tuvo una continuidad histórica que terminó matando a sus propios hijos. Hay una prolongación trágica del conflicto entre padres e hijos. Y por otro lado está el Paco que es un padre muy sensible y a la vez un padre distante.

 

Totalmente. Fijate que Javier tiene un gran conflicto con su padre aunque lo ama profundamente. Por eso al final de la película dice que lo único que quiere es transformarlo en un ser humano. Es así porque también están los sentimientos y los rencores personales, porque de alguna manera Paco, al entregarse a una lucha tan comprometida, sin retorno, con principios muy importantes y muy trascendentales, abandona a sus hijos con miras a la revolución y la transformación social. En el año setenta, cuando Paco cae preso en Devoto, el chiquito llega a su casa y se encuentra todo destruido y los canas adentro. Esto es independiente de que ya Paco se había separado de su madre, de que ya había un abandono en términos afectivos, y de que de por sí Javier tenía una relación particular con su padre porque no vivía con él y vivía con su madre. Después llega el compromiso político tan definitivo, con el padre que se le escapaba todo el tiempo. O sea, era un padre extraordinario, amante de sus hijos, pero a la vez por las razones que sean, ausente. Y el conflicto más grande se da cuando Paco se enamora de Alicia Raboy y Javier plantea claramente que  con él no cuenten para nada, que para él Alicia no existe. Eso es lo que no le perdona un chico de diecisiete años a su viejo que se enamoró de una chica de veintitrés y por eso decide quedarse un tiempo viviendo con Lilí Mazzaferro. Y también Lilí odiándolo por el abandono hasta tal punto que llegó a decirse que fue ella quien lo denunció ante la organización montonera, diciéndole del abandono, por lo que fue duramente sancionado. Paco tenía otra hija, Claudia, que era una militante de primerísimo nivel y a su vez es un personaje muy importante; ella fue la primera que se metió a luchar en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) cuando Paco se consideraba un artista pequeño burgués liberal, y por ella  Paco se decide a militar.. El ejemplo se lo da Claudia y él se da cuenta de que tiene que asumir un compromiso mucho más directo y ahí toda la familia se desarticula. Claudia era un cuadro político militar muy duro. Entonces, Claudia en la organización, el padre también, ¿y Javier de doce, catorce, quince años? No, no fue una relación fluida. Y también está Ángela, la hija que Paco tuvo con Alicia, que también está confrontada con sus padres porque de alguna manera la dejaron sola en el mundo.

-Ángela en un momento del filme dice que cuando se mira en el espejo ve sólo una parte de sí misma, sus ojos o su nariz o su mentón, pero no se puede reconocer entera. Ella desconocía sus raíces, sus orígenes y lo que le había pasado (Siendo bebé, Ángela estaba en brazos de su madre, Alicia Raboy, en el momento de la persecución final , cuando Paco ingiere la pastilla de cianuro y su madre es detenida desaparecida. Luego fue adoptada por su tía materna, quien le negó su verdadero origen hasta la  adolescencia) pero en algún lugar de su inconsciente estaba esa nadidad, ese vacío. ¿Podemos trazar un parangón entre el drama de Ángela y lo que pasa con nuestra sociedad, que quizás no podrá reconocerse totalmente a sí misma hasta que no logremos conocer el destino final de cada uno de nuestros muertos y nuestros desaparecidos?

Ángela expresa como nadie esa angustia de la forma más genuina y más espontánea; ella tuvo una parálisis y curiosamente cuando era chica tenía una pesadilla recurrente en la que se veía  envuelta en una situación donde aparecían fusiles y caños. Inicialmente se suponía que la historia debía terminar con la muerte de Paco y yo tomé la decisión de no terminarla con su muerte. La historia continúa con sus hijos. En un final convencional el personaje muere, el relato está contado y ahí la película funde a negro y termina. Pero no, la historia continúa con sus hijos. Entonces ese final no es el final de la historia, es sólo el final de  la biografía de Paco en cuanto a su asesinato, porque la historia continúa con sus hijos y posiblemente con sus nietos. Por eso los hijos tienen la última palabra. Es el tema de padres e hijos.

-Yo quiero comentar la escena donde aparece Ángela, y el abandono final

de ella y su madre cuando por elección Paco toma la pastilla de cianuro.

Básicamente lo hace, suponemos todos, porque era responsable de la columna Cuyo, que abarcaba Mendoza y San Juan, y sabía que si caía y lo torturaban iban a caer como consecuencia 30, 40, 50 compañeros. El no sabía cuánto podía aguantar la tortura y si se la hubiese bancado.  Paco seguramente sabía que en algún momento la tortura es imposible de aguantar y por eso sabía que no podía caer vivo. Es cierto lo que decís, es un abandono, no pensó en su mujer ni en su hija Ángela, pero sí pensó que Alicia no tenía la información que él sí tenía y por lo tanto, por más que la torturaran, en el caso de que sobreviviera ella nunca iba a poder dar los datos que él si conocía. Y no quería ser responsable de tantas muertes. Y también está el poema del final, que Paco lo grabó en el año 68, La vuelta al pago. Allí parece que habla de su muerte ocurrida en 1976; y el poema Hijitos míos, que fue escrito en el año 67, que no está escrito para Ángela y sin embargo allí les habla a sus hijos, que parece escrito después de muerto, es muy loco ese poema, es un poema en el que habla como si estuviera en otra dimensión.

-Miguel Ángel decía que una escultura es una piedra a la que se le ha quitado todo lo que le sobra, lo innecesario; el cine también se hace por sustracción, se va sacando de la historia lo innecesario hasta llegar a una síntesis que igualmente da idea de la totalidad de la historia que es contada. Yo siento la necesidad de preguntarte por algo que en el filme no está: la participación de Paco en la muerte de José Ignacio Rucci, que hoy es visto como uno de los grandes errores políticos de la lucha armada.

Está claro que fue un luchador, un tipo comprometido que estuvo en la lucha armada; si estuvo en el operativo de Rucci, o en el secuestro del cadáver de Aramburu, o si él organizó la conferencia de prensa de los Born no era algo que me interesaba particularmente porque era involucrarme en su biografía como guerrillero o como luchador popular y eso desbalanceaba el rol del combatiente con el rol del artista. Yo creo que la cuestión era tener permanentemente presente que Paco era un artista, que antes que nada fue un escritor, un poeta, que fue poeta desde el año 50, que ya publicaba en el ´48, que era un tipo que entró en la guerrilla en los años setenta pero que en el 50 ya tenía cinco libros de poesía publicados, una obra como guionista cinematográfico y una obra como dramaturgo, o sea, evidentemente la lucha armada fue lo que marcó sus últimos seis años, pero los otros cuarenta años Paco fue un artista y lo siguió siendo después, porque él escribió mientras estaba en la lucha armada y de hecho hay una obra que él estaba terminando y fue secuestrada por los militares. Lo de Rucci ni en el libro de Montanaro aparece claramente porque hay comentarios según los cuales sí estuvo, pero otros dicen que no. Por lo tanto no me interesaba particularmente hacer un estudio o una investigación en ese aspecto porque iba a ser una versión más sobre algo que no está confirmado por ninguno de los responsables.

-La crítica de Horacio Verbitsky hacia la conducción de Montoneros es lo más duro que le he escuchado hasta el momento en ese sentido.

Yo creo que en la película es donde por primera vez se hace una crítica tan despiadada por parte de un tipo del riñón de la organización. No estamos hablando de un periférico. Si eso lo hubiese dicho un periodista liberal uno podría preguntarse qué otra cosa iban a decir de Montoneros; Horacio Verbitsky y Miguel Bonasso son muy críticos con la conducción a la luz de todo el desastre que ocurrió. Hay una cuestión con Paco como con muchos otros luchadores, Haroldo Conti, Miguel Angel Bustos, que son poetas tan extraordinarios y tan proscriptos y tan olvidados como Paco...

-A propósito, Norberto Galasso habla de ciertos personajes a los que les tocó vivir  la Década Infame como Enrique Santos Discépolo, Homero Manzi, Raúl Scalabrini Ortiz, y los califica como los malditos...  ¿Son ellos los malditos de este tiempo?

Esto se debe a la teoría de los dos demonios de Alfonsín. De los militares sabemos que los querían matar, torturar, desaparecer e incluso quitarles el nombre a los combatientes como pasó con Paco. Pero qué pasó con la democracia, porque uno podría esperar que a partir del ´83 hubiera una reivindicación pública de estos luchadores, independientemente que se suscriba o no su línea política. Yo, quiero aclararlo, hubiese discutido en ese momento con Paco fuertemente porque no tengo nada parecido, y aunque hubiese tenido muchos puntos de coincidencia también habría tenido mucha discusión. Pero defiendo su rol de luchador social y su integridad ética y tampoco lo critico porque mi rol de documentalista no es expresar mi opinión política. Decía que gran parte de la responsabilidad la tiene la democracia, porque la teoría de los dos demonios es de un cinismo sólo comparable a la ley de obediencia debida y la ley de punto final promovidas por el alfonsinismo, que han sido de las cosas más nefastas que nos hubieran podido ocurrir porque pusieron en el mismo nivel al terrorista de estado y al combatiente revolucionario para apaciguar las controversias que después Alfonsín no pudo resolver por su incapacidad y por su falta de coraje político. Esto es realmente inmoral porque siembra la confusión entre la gente, especialmente en los jóvenes.  ¿Cómo  se le explica a un  chico que Paco nació en 1930 con el primer golpe de estado del siglo y murió con el último golpe de estado del siglo? Que durante toda la vida de Paco un solo gobierno – el primero de Perón– terminó su período constitucional.  Que había golpes de estado permanentemente y que la lucha armada era la respuesta lógica, natural que se iba a dar después de años de golpes y de saqueos. La lucha armada y el terrorismo de estado no son lo mismo; es como calificar de terroristas a Bolívar y a San Martín que lucharon contra las tiranías. Entonces vos no podés comparar la lucha armada que surge en la Argentina con el terrorismo de estado, es como calificar de terrorista y subversivo a Bolívar, a San Martín, que lucharon contra la tiranía, o a Augusto César Sandino y a José Martí. Cuando la Constitución Nacional nos da todo el derecho de levantarnos en armas contra las tiranías. Paco entra en la lucha armada en medio de una dictadura feroz; no era que gobernaba un demócrata y un grupo de loquitos se metió en la lucha armada; era el tiempo del Onganiato, un gobierno que había decidido quedarse durante treinta años de dictadura militar, como el franquismo. Juan Carlos Onganía quería ser un segundo Franco en Latinoamérica. Paco se mete en la lucha armada en 1970, después de cuatro años de una dictadura militar feroz; no comparemos a  esta juventud que elige el recurso de luchar contra la tiranía con las armas con el terrorismo de estado; ésto es lo que contribuyó a la maldición de Paco y el resto de los militantes revolucionarios. ¿Qué les pasó a todos los bienpensantes? ¿Qué les pasó a todos aquellos que suscribían diferentes formas de lucha?  Empezamos a estar todos lavados con la lavandina de la democracia y los intelectuales empezaron a disfrazarse de demócratas burgueses y dijeron que aquellos eran loquitos, o peor, se propusieron no hablar de ellos. En última instancia Paco es el reflejo de nuestra conciencia porque en estos años muchos vendieron su alma al diablo, muchos fueron funcionarios del alfonsinismo, muchos fueron funcionarios del menemismo y era una cuestión peligrosa acordarse de Paco. Yo creo que la proscripción de Paco es consciente y la da todo el status intelectual argentino porque Paco murió siendo coherente con lo que pensaba y no hizo ningún travestismo político. Recordemos que Vaca Narvaja y Roberto Perdía y muchos sectores de Montoneros terminaron firmando pactos que Paco jamás hubiera firmado. Creo que es tan peligroso recordarlo que por eso permanecía bajo los escombros, esa es mi conclusión. Además era un poeta tan importante como Gelman. Yo creo que hay muchas cosas sin resolver en esta vida y en esta historia y por eso no hay que dar vuelta la  página. Hay que hacer muchas películas y hay que discutirlas, porque criticar a la organización no significa que estos luchadores fueran idiotas útiles. Paco pertenecía a las FAR, no era Montonero, lo dice claramente Verbitsky, las FAR tenían una formación marxista, mucho más lúcida que Montoneros que venía del catolicismo. Con la fusión de las dos organizaciones Paco muere estando en Montoneros, pero era FAR y hay una diferencia política muy grande entre un cuadro de FAR y uno de Montoneros. Seguramente Paco tendría su crítica interna aunque nunca fue explícita, él nunca escribió un documento como Rodolfo Walsh criticando a la organización porque murió antes; a mí me hubiese gustado sentarme con él y preguntarle ¿qué opinás de todo esto, a vos te parece que es lógico sacar a la gente a la calle cuando Rodolfo Walsh está hablando de un repliegue? Nunca jamás sabremos qué pensaba Paco de la organización; seguramente fue crítico como lo fue Walsh, como lo fueron  Bonasso o Verbitsky en su momento, o como lo fue Gelman, al que la organización lo condenó a muerte.

Que nivel de castigo! Cuando Paco pide que no lo manden a Mendoza, porque presumía que lo iban a matar,  lo mandan justamente allí.

En diciembre de 1975, en  el ataque al Arsenal Domingo Viejobueno de Monte Chigolo, se sabía que el ejército los estaba esperando, y también que algunos del ERP lo sabían. ¿Cómo manda entonces (Mario Roberto) Santucho a ciento y pico de pibes allí?. Hay muchas cosas de este tipo, pero no transformemos la crítica que uno puede hacer a las organizaciones en aquello de que los militantes eran gente que actuaba ingenuamente. No era así, en el seno del ERP hubo discusiones jodidas. Pero en la clandestinidad, en condiciones tan difíciles, surgió la teoría del enemigo principal y el enemigo secundario; el enemigo principal era el lopezrreguismo y el golpe de estado y el enemigo secundario eran los compañeros que opinaban distinto. No se pudo hacer una discusión abierta porque la situación fue crítica, se jugaban la vida y eso congeló el debate. Yo creo que lo hubiese habido de haber tenido tres años más de democracia y posibilidades de discusión.